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Pensamientos que toda mujer ha tenido en el ginecólogo

Ir con el ginecólogo es parte de llevar un buen estilo de vida, pero no es exactamente lo más divertido del mundo...
jueves, 16 de febrero de 2017
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(EL UNIVERSAL).- Ir con el ginecólogo es parte de llevar un buen estilo de vida, pero no es exactamente lo más divertido del mundo.

Además del obvio “no quiero estar aquí”, hay todo tipo de pensamientos pasando por tu mente a la hora de abrir las piernas en un consultorio.

“¿Cómo oleré?”
¡Admítelo! Seguro sabes que los ginecólogos son inmune a casi cualquier olor a estas alturas de su desempeño profesional, pero todavía quieres tener un olor lo más decente posible.

Te bañas antes de ir al doctor, llevas falda, una ropa interior fresca, y aún así te preocupa tener un aroma extraño.

“Jamás me había sentido tan fría y vulnerable (excepto el año pasado cuando estuve aquí)”
Ese momento en que no tienes pantalones ni ropa interior y estás esperando a que el doctor llegue a invadir tu privacidad.

Y… ¿no podrían subir un poco la temperatura? ¡Aquí hay una mujer medio desnuda y vulnerable!

“Oh, por Dios, no quiero que acerque esa cosa a mi vagina”
Un vistazo a ese pato y tendrás ganas de cerrar los ojos.

Entre nervios y ansiedad, lo que más querrás hacer será arrepentirte de todos tus pecados y odiar a la persona que está a punto de meter algo en tu espacio más íntimo y privado.

“No me hables durante y antes de la inserción”
Está bien hablar un poco de nuestras familias, trabajo, amor y mascotas, pero no nos acomoda mucho la idea de tener algo ahí abajo, junto con una linterna, un pato, y todavía estar hablando de nuestros problemas amorosos.

En términos de comunicación verbal durante este proceso, el silencio es más que bienvenido.

“Prometo checarme los senos llegando a casa”
Mientras el especialista te hace el examen de mama, recordarás que has aprendido a hacerlo desde hace años en la escuela y realmente puedes contar con las manos las veces que lo has llevado a cabo en casa.

Ya deberías conocer bien tus senos si lo hicieras una vez a la semana, y prometes solemnemente empezar a hacerlo llegando a casa. Ojalá y ahora sí lo cumplas.

 

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