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Trump, un "amigo especial"

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A Donald Trump le gusta recordar en sus discursos que su llegada a la presidencia forma parte del mismo movimiento contra las élites mundiales que el Brexit. (Foto: Archivo EFE)
*A Donald Trump le gusta recordar en sus discursos que su llegada a la presidencia forma parte del mismo movimiento contra las élites mundiales que el Brexit
lunes, 20 de marzo de 2017
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EL UNIVERSAL

Madrid

A Donald Trump le gusta recordar en sus discursos que su llegada a la presidencia forma parte del mismo movimiento contra las élites mundiales que el Brexit.
Abiertamente hostil al proyecto de la Unión Europea, el presidente estadounidense quiere ayudar a convertir la salida de Reino Unido del club europeo en una historia de éxito y se alista para nominar como embajador ante la UE a Ted Malloch, un euroescéptico pro Brexit que va sembrando escándalos a su paso.

El último de ellos, una acusación de que engañó a los bancos para no pagar una deuda.
En un primer momento, los partidarios del Brexit pensaron que la elección de Trump sería más beneficiosa para sus objetivos que la de la demócrata Hillary Clinton.
Pero hay analistas que no son optimistas respecto al beneficio que supondrá el apoyo de Trump.

Gideon Rachman, del Financial Times, asegura que la elección del neoyorquino ha hecho que el Brexit "pase de ser una
decisión arriesgada a un desastre total".

Rach-
man recuerda que la posición mundial de Londres se sustenta en dos pilares: la pertenencia a la UE y la "relación especial" con EU, por lo que "abandonar la UE deja a Reino Unido mucho más dependiente de EU en un momento en el que este país ha elegido un presidente inestable que se opone a la mayoría de los principios en los que se basan las relaciones internacionales británicas".
Los primeros meses de Trump al frente del "amigo especial" han alimentado esta inquietud.

Londres quiere retrasar hasta octubre la visita oficial que el presidente de EU tenía prevista para junio, con la esperanza de que en otoño hayan disminuido las polémicas que lo rodean, especialmente las relacionadas con el racismo y la islamofobia, temas que generan rechazo en grandes sectores de la población británica.
Las primeras iniciativas económicas de Trump tampoco concuerdan con los planes de May.

Ésta ha anunciado que su objetivo es convertir Reino Unido en el campeón internacional del libre comercio, frente al presidente estadounidense más proteccionista en 80 años.

Paralelo a sus declaraciones de simpatía hacia Londres, Trump ha insistido en que rechazará todos lo que él considera "malos" tratados (incluyendo el TLCAN), basándose en que "cualquier acuerdo debe aumentar el PIB, disminuir el déficit y fortalecer la base manufacturera de EU".
La letra pequeña de un acuerdo entre Wa-
shington y Londres basado en estas premisas podría ser un trago difícil de digerir para los británicos.

El precedente más cercano es el proyecto de tratado de libre comercio EU-UE, que permanece congelado en Bruselas. En él las empresas estadounidenses plantean una serie de demandas en el acceso al mercado agrícola y la sanidad que no gustan a los europeos.
Las posiciones de los dos países también son contrarias en temas como la Rusia de Vladimir Putin, al que Londres considera una amenaza y con quien el gobierno de Trump ha demostrado mantener dudosos lazos.

También serán asuntos conflictivos el multilateralismo y la OTAN, que Londres apoya y Trump desprecia. La primera ministra, Theresa May, es consciente de que el gran aliado inglés del magnate es uno de sus grandes rivales domésticos, el político antisistema Nigel Farage.

Así, el establishment británico comienza a dudar si, con Trump, su elección de pareja ha sido la mejor para el baile post Brexit.

 

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