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Cicatrices

Las heridas emocionales de la infancia que persisten cuando somos adultos son bastante comunes
viernes, 14 de julio de 2017
Por: Kary García/Neurocouch
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Las heridas emocionales de la infancia que persisten cuando somos adultos son bastante comunes, por desgracia, generan que nuestra salud emocional esté dañada desde la infancia.

A menudo no somos conscientes de qué es lo que nos bloquea, lo que nos provoca temor. En muchas ocasiones el origen está en lo aprendido cuando éramos niños, esas heridas que nos han ocasionado nuestras primeras experiencias y que no hemos podido sanar, por eso es tan importante ser conscientes y evitar maquillarlas.

Principalmente el miedo a revivir el sufrimiento que nos causaron hace que nos pongamos muchas máscaras que solo dificultarán algunas situaciones en la vida.

Eso es precisamente lo que tenemos que evitar.

¿Como identificarlas? Pues bien, les presento las heridas emocionales que Lisa Bourbeau señala en su libro “Las cinco heridas que impiden ser uno mismo”.

1. El miedo al abandono

El desamparo es el peor enemigo de quien vivió el abandono en su infancia. Es muy común que estas personas hablen o piensen de esta forma: “Te dejo antes de que tú me dejes a mí”, “nadie me apoya, no estoy dispuesto a soportar esto”, “si te vas, no vuelvas…”.

Estas personas tendrán que trabajar su miedo a la soledad, su temor a ser abandonados y su rechazo al contacto físico (abrazos, besos, etc.…).

Esta herida no es fácil de curar, pero un buen comienzo para cicatrizarla es afrontar el temor a quedarse solos hasta que fluya un diálogo interior positivo y esperanzador.

2. El miedo al rechazo

Esta herida impide que aceptemos nuestros sentimientos, pensamientos y vivencias. Su aparición en la niñez está ocasionada por el rechazo de los progenitores, de la familia o de los iguales.

El dolor que se genera por esta herida impide la autoestima y del amor propio de la persona que lo padece.

Genera pensamientos de rechazo, de no ser deseado y de descalificación hacia uno mismo.

Una forma de superarlo consiste en ocuparte de tu lugar, de arriesgar y de tomar decisiones por ti mismo. Cada vez te molestará menos que la gente se aleje y no te tomarás como algo personal que se olviden de ti en algún momento.

Tú eres la única persona que necesitas para vivir.

3. La humillación

Esta herida se genera cuando sentimos que los demás nos desaprueban y nos critican. Podemos crear estos problemas en nuestros niños diciéndoles que son torpes, malos o unos pesados, así como aireando sus problemas ante los demás (algo que tristemente, muy común).

Esto destruye la autoestima infantil y por eso, dificulta la posibilidad de cultivar un amor propio saludable.

El tipo de personalidad que se genera con frecuencia es una personalidad dependiente. Además, podemos haber aprendido a ser tiranos y egoístas como un mecanismo de defensa, e incluso a humillar a los demás como escudo protector.

4. La traición o el miedo a confiar

Esta herida se abre cuando personas cercanas al niño no cumplen sus promesas, haciendo que se sienta traicionado y engañado. Como consecuencia, se genera una desconfianza que se puede transformar en envidia y en otros sentimientos negativos, por no sentirse merecedor de lo prometido y de lo que otros tienen.

Padecer estos problemas en la infancia construye personalidades controladoras y perfeccionistas. Son personas que quieren tenerlo todo atado sin dejar nada al azar.

Tienen que trabajar la paciencia, la tolerancia y el saber vivir, así como aprender a estar solos y a delegar responsabilidades

5. La injusticia

El sentimiento de injusticia entra en juego en hogares en los que los cuidadores principales son fríos y autoritarios. Una exigencia excesiva genera sentimientos de ineficacia y de inutilidad, tanto en la niñez como en la edad adulta.

Es probable que se haya creado un fanatismo por el orden, el perfeccionismo o por el caos. Son personas que tienen muy arraigadas sus ideas y por eso tienen dificultades para tomar decisiones con seguridad.

Para hacer frente a estos problemas hay que trabajar la desconfianza y su dureza, con el objetivo de generar una mayor flexibilidad y permitir la confianza en los demás.

Ahora que ya conoces las 5 heridas emocionales de la infancia, el primer paso, es aceptarlas y darte el permiso para enojarte y sobre todo, darte el tiempo para superarlo.

 

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