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Los beneficios de la oscuridad

Los bebés que no son sometidos a la exposición de luz constante, muestran mejoría en las condiciones de descanso, estabilidad del ritmo cardiaco y ganancia de peso
lunes, 29 de enero de 2018
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(Agencia Informativa Conacyt).- Los bebés prematuros que no son sometidos a la exposición de luz constante, como sucede en las unidades de cuidados intensivos neonatales (UCIN), muestran mejoría en las condiciones de descanso, estabilidad del ritmo cardiaco, tolerancia de alimento y ganancia de peso, reducción en el tiempo de estancia hospitalaria y disminución de los riesgos de contraer enfermedades nosocomiales, según pruebas realizadas por los doctores Manuel Ángeles Castellanos y Carolina Escobar, investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, el doctor Manuel Ángeles Castellanos explicó que los ritmos circadianos son mecanismos adaptativos propios de los seres vivos como plantas, animales y el propio ser humano, lo que les permite estar organizados temporalmente desde el punto de vista biológico, es decir, tener una sincronización.

Recordó que una adaptación muy importante es al ciclo luz-oscuridad, es una señal constante y predecible generada por la rotación de la Tierra.

Todos los días amanece y anochece. Tenemos periodos de luz y oscuridad y, en general, los seres vivos se adaptan muy bien a estos ritmos aunque parezca algo muy obvio.

Sin embargo, cuando experimentalmente se modifican esas señales temporales, generan alteraciones dentro del organismo.

“La gente que trabaja de noche, por ejemplo, no tiene la misma eficiencia y rendimiento que la persona que trabaja de día. Como humanos tendemos a ser diurnos, es decir, nuestra actividad está asociada al día y el descanso a la noche y cuando alteramos eso por necesidades sociales o laborales, se generan o se predisponen enfermedades”.

El doctor Ángeles Castellanos recordó que un ejemplo de estas alteraciones las sufren, por ejemplo, los pilotos o los sobrecargos. En el caso de las mujeres, hay estudios que demuestran una mayor propensión a enfermedades como el cáncer cervicouterino o cáncer de mama.

“Nosotros en el laboratorio, junto con el grupo de la doctora Carolina Escobar, hemos explorado estas manipulaciones del sueño. Una de ellas fue quitar a las ratas el ciclo de luz-oscuridad y someter a los animales a luz constante.

Lo que observamos es que la luz constante genera alteraciones dramáticas, como la pérdida del ritmo circadiano, alteración a nivel conductual, además de que presentan cuadros de depresión”.

Pruebas en neonatos

Tras estas observaciones, los doctores Ángeles Castellanos y Escobar han tratado de extrapolar sus experimentos al área médica y fue así como pensaron en las unidades de cuidados intensivos neonatales, donde los bebés están expuestos a luz constante, que puede ser muy brillante o tenue, pero constante al fin, y no suele haber una alternancia de oscuridad y luz.

Estabilidad en los ritmos cardiacos

Una vez conseguida la autorización de los progenitores, los niños fueron aleatoriamente introducidos a dos grupos. Uno fue el testigo, que no sufriría ninguna manipulación y seguiría con las mismas condiciones de luz constante, y otro, en el cual se modificó el ciclo luz-oscuridad con la colocación de un casco cubierto con una tela que impedía el paso de la luz.

Los primeros resultados reflejaron que con esta sencilla manipulación de luz, el estrés de los bebés disminuía, pues no se movían tanto y descansaban mejor.

Pero fue, sin duda, la medición en su frecuencia cardiaca lo que arrojó resultados aún más significativos.

Los de luz constante, por ejemplo, tenían una variedad de la frecuencia cardiaca de 158 pulsaciones por minuto, hasta 140, pero los bebés que estaban con el ciclo luz-oscuridad mantuvieron una frecuencia promedio de 154 pulsaciones por minuto, lo que implicaba una estabilización en sus ritmos y, por lo tanto, una mejor oxigenación.

Otro de los resultados observados es que los bebés con el casco toleraban mejor el alimento y, por lo tanto, ganaban peso más rápido, aunque eso no implicaba que comieran más, sino que el organismo mostraba una mejor respuesta al alimento.

Esa ganancia de peso favoreció para que los bebés pudieran egresar más rápido del hospital.

 

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