REFLEXIÓN DOMINICAL

Antonio Fernández

+1
Votos
Nota Aburrida
Nota Interesante
La Salvación está por la Fe en Cristo

“Jesús se admiró al oírlo, y dijo a los que le seguían: En verdad, os digo, en ninguno de Israel he hallado tanta fe”… (Mt 8, 10)
domingo, 27 de enero de 2019
Comparte esto en Facebook
Comparte esto en Twitter
Comparte esto en Digg
Enlarge Font
Decrease Font
¡Sí! El camino de salvación de todo ser humano esta en creer con fe que Cristo Nuestro Señor es el Hijo de Dios hecho hombre enviado por Él para salvar al mundo del pecado, para lo cual en el cristiano católico este es su punto definitivo para obtener la fe, porque no hay ni otro medio, ni camino, ni fórmula, ni otra vía para adquirirla, para ello es tener cuidado de no caer en la incoherencia absurda de que con la sola fe, o sea únicamente creyendo, estoy salvado, esa “fe” engañosa se asemeja a la manzana tentadora de la serpiente que engañó a Eva; …“Y os haréis como Dios”…Es la incitación que pregona la falsedad que con sólo creer se tiene la salvación, ¡no! ninguna persona se salva sino por las buenas obras, el mandato de Jesucristo Nuestro Señor es claro; …“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón].[ Amarás a tu prójimo como a ti mismo”… Si solo se amara sin servir, la fe sería una contradicción, porque el obrar es servir a Dios y al prójimo no de palabra sino con obras de fe, esperanza y caridad para su mayor gloria y salvación del alma quien obro por la fe, por eso, en las acciones de la humanidad no existe la fe, lo que hay es confianza en el éxito de algo o alguien que de acuerdo a la buena o mala intención de quien dará o no la oportunidad a lograr lo que se busca de ella, eso no es obrar con fe decir quiero esto o aquello, lo que se hace es desvirtuar la virtud de la fe que el Señor enseñó, como la bondad principal de creer en la divinidad de su Hijo al que reconoce en el rio Jordán; …“Este es mi Hijo, el Amado, en quien me complazco”…Presenta Dios Padre la primera revelación del mayor de los misterios, el infinito amor del Padre al Unigénito, de tal forma que caer en expresiones vanas y mundanas como el recurrir a Dios para obtener una cosa material o el disfrute de la vida como muchos claman; “Diosito concédeme que encuentre el carro que quiero”, “que no me ganen el puesto de trabajo”, “que me saque la lotería”, “comprar el traje o vestido de la fiesta”, “ganar el concurso de lo que sea” las proclamas saltan en las mentes hedonistas el afán, ansia y ceguera por las cosas materiales que nada tienen de valor espiritual, nada tienen de valor de salvación, y nada tienen que ver con la fe, muchos comprenden y siguen en su obcecación sin comprender que las cosas del mundo es cosa de la humanidad, y la fe en Dios a que nos referimos es para confirmar que cada ser humano la fe en Cristo Nuestro Señor y su dignidad divina.

Su paso por el mundo fue incesante al repasar su divina mirada los corazones de cada persona que conformaba las muchedumbres que le seguían y escuchaban su palabra en las que no encuentra un destello o vestigio de fe, ¿Entonces qué movía a esas muchedumbres a seguirlo? Verle realizar un milagro no para creer en Él sino para escandalizarse, en la mayoría era asistir a un espectáculo y dar pie al escándalo y murmuración por cierto nada buena ya que la crítica era desintegrar su enseñanza, por eso, cuando llegaba el momento de tomar la decisión de creer en su divinidad, de conmovidos pasan a retraerse o al sentir el llamado de Jesucristo Nuestro Señor apurados buscan una salida que la encuentran en la difamación y descredito atemorizados por la intriga de los escribas.

fariseos y sacerdotes del templo que adulteran la Catedra al Hijo de Dios falseando su palabra sabe y conoce su comportamiento como cuando tratan de sorprenderle al interrogarlo sobre el tributo al César; …“Hipócritas, ¿Por qué me tentáis?”… Jesucristo Nuestro Señor continúa su búsqueda a pesar de ser un pueblo de dura cerviz, buscó los medios para que en las almas donde vio un destello de fe guardado en su corazón la aumenten por si mismos hasta alcanzar lo esperado por el Señor, conociendo el fondo de su corazón los anima viendo su esfuerzo los conduce amoroso al nivel propicio para obrar en ellos el prodigio de su milagro, viendo en su interior la llama de esa fe, en su corazón el deseo de servirle y el amor que profesan por Él, santifico esas almas con bienes, gracias y dones en quienes han creído en su divinidad, tenemos los pasajes de la mujer hemorroisa, del ciego de Jericó, la curación del paralitico, cuando resucita a la hija de Jairo, el pasaje de Zaqueo, y este hecho del Evangelio que San Mateo expone; …“Cuando bajó de la montaña, le fueron siguiendo grandes muchedumbres.

Y he aquí que un leproso se aproximó delante de Él y le dijo: Señor, si Tú quieres, puedes limpiarme. Y Él, tendiéndole su mano, lo tocó y le dijo: Quiero queda limpio, y al punto fue sanado de su lepra.

Díjole Jesús: Mira, no le digas a nadie; sino ve a mostrarte al sacerdote y presenta la ofrenda prescrita por Moisés, para que les sirva de testimonio “… La lección del Divino Maestro es mantener piadosa y prudente atención a aquello que impiden que la fe sea cambiada por sueños falaces, engañosos y mentirosos que en nada valen para la salvación solo la fe en Cristo.


Después de la ascensión del Señor a los cielos ya no esta visible en el mundo, pero lo está espiritualmente, este punto de fe es determinante para que las generaciones a través de los tiempos se aviven en que la salvación está por la fe en Cristo Nuestro Señor y escuchando con devoción y deseo de aprender el cristiano católico convierte en norma de vida su enseñanza en los Santos Evangelios, teniéndole presente cuando dijo; …“El cielo y la tierra pasarán, pero las palabras mías no pasarán, ciertamente”…De donde comprendemos, su palabra es de vida eterna, quien la escucha y convierte en obra ha dado paso al camino de salvación convencido por la fe en Cristo Nuestro Señor, la forma es sencilla: solo fe y confianza en Él, algo tan sencillo resulta una carga difícil de llevar, ello implica dejar las cosas que pierden; la fe vigoriza el alma de las acechanzas y la tentación porque ambas envuelven al pecador como hace la araña con su presa hasta inmovilizarla; la fe en Cristo Nuestro Señor fructifica asemejándose al alimento de los ángeles, que amando a Dios más lo aman su amor no cesa sino que se acrecienta, nuestra inteligencia no encuentra explicación a la vida celestial, por lo mismo al incrédulo le parece ilógico, ¿Cómo es eso de alimentarse con el amor a Dios, cuando que para vivir se tiene que tomar alimentos que fortalecen? Nace la duda que sea realidad porque se carece de fe; se carece de vida espiritual; se carece del ímpetu que hace ver la realidad divina y humana al pasar por este mundo de prueba, esto y más sucede en el alma que carece de fe siendo mayor en el incrédulo que cerrando sus sentidos con criticas ásperas se burla y hace escarnio.

Nuestra inteligencia la movemos a entender este misterio que entre más se profundice no se pasa más allá de lo que Dios permite, solo el alma poseedora de la fe apreciará que el valor espiritual de salvación es creer en la divinidad de Cristo Nuestro Señor sin ir más allá de lo que se imagina.


Ahora bien, San Pablo en carta a los Gálatas anuncia a todos los tiempos y más en él que vivimos, no sólo es ser cristiano católico el domingo, muchos consideran que con eso su salvación la han logrado, aunque su obrar esté imbuido en las cosas del mundo afirma a viva voz y en su interior no necesitar más como aquel hombre que a sus ochenta y tantos años convencido sostenía; …“¡Ya estoy salvado! El domingo voy a misa así estoy bien”… La vida del ser humano comparada con la eternidad en este mundo es un paso efímero y breve, fugaz y perecedero este corto tiempo terrenal de prueba por eso es donde hay que conquistar la enseñanza del Señor y la oportunidad de atesorar bienes, la fe es el motor que anima y dirije los pasos a las obras y buenas intenciones, desechando lo que por la gracia ayuda a evitar caer y el obrar de la vida diaria en bien del prójimo sea como lo enseña San Pablo; …“Es manifiesto que por la Ley nadie se justifica ante Dios, porque el justo vivirá de fe”… La fe hace al cristiano católico justo depositando la confianza en Dios es un acto de fe que sostiene contra las adversidades del mundo a vencer la tentación y hostigamientos que fustigan alma y cuerpo, porque la vida no es dulzura, es lucha de salvación que se puede obtener y hacer, la fe es prenda de vida eterna, no podremos preservarnos de las maldades de los tiempos que nos ha tocado vivir, si no nos esforzamos en nuestra la salvación y del prójimo.
Con la boca profesamos lo que guardamos en el corazón.

Al conocer los pasajes de los santos Evangelios encontramos que los prodigiosos milagros de Cristo Nuestro Señor los obro en almas justas que habían cultivado la fe en Él, siendo al principio en algunos insignificante, pero existía “algo”suficiente para santificarlos, la presencia del Señor les hizo sentir la necesidad de que su corazón se inflamara de ese amor que eleva y aumenta la fe y, así Él, obrar en ellos su deseo; Jesucristo Nuestro Señor descubre la fe que sobresale de entre las muchedumbres, de ello ilustra San Agustín; …“Esta fe exige de nuestra parte el acatamiento del corazón y la lengua.

En efecto, así dice el Apóstol: Es necesario creer de corazón para justificarse y confesar la fe con la boca para salvarse”…
Quede claro, que la salvación está por la fe en Cristo Nuestro Señor, y este es el camino que le ha sido marcado al cristiano católico de todos los siglos, que persuadido por su fe, reconoce que por ello han surgido almas de santidad, hombres justos y generaciones que tomaron como centro de sus actos en este mundo a Jesús como redentor de su alma y que puesto en el centro de su existencia y movidos por la fe, reconocen que su obra redentora está en la fe.


Jesucristo Nuestro Señor vino al mundo a cumplir el deseo de su amado padre, no vino engañado o burlado ni mucho menos enredado para errar, bien sabía y conocía los obstáculos con que se encontraría, nada sería tranquilo, pasivo o dulce, la realización divina de la redención no era un paseo de aclamación, sino de difundir su doctrina y mandamiento a un mundo y pueblo de dura cerviz que en Israel vivía sometido al beneficio de los sacerdotes del templo; Jesucristo vino al mundo a sembrar en lo que debiera ser tierra fértil, pero era tierra pedregosa que por el calor destruye la semilla, o es ahogada por las espinas, abrojos o plagas que envenenan la tierra, así obra la cizaña en los corazones, el punto vital conquistar los corazones, Jesucristo Nuestro Señor dijo para enseñanza nuestra con toda claridad; …“Porque del corazón salen pensamientos malos, homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.

He aquí lo que mancha al hombre”… El ser humano al paso de los siglos pasa por alto la palabra de Dios porque carece de fe. Meditando su Catedra al instante la mente y conciencia dice, ¡detente! el Señor a prevenido al mundo y ha convertido al mundo en incrédulo sin temor de ofender a Dios, no sólo el hombre también la mujer, la palabra de Cristo Nuestro Señor es profecía que alerta a cada generación, y repitiendo hoy esa profecía muestra nuestras debilidades humanas porque se vive la maldad que surge de corazones incrédulos, desconfiados y recelosos, pareciera que hoy esos pensamientos el ser humano en su inmensa mayoría los ha convertido en habito y forma de vida y así nos hacemos está pregunta; ¿Con estos malos pensamientos convertidos en obra de pecado puede existir fe en el mundo? ¿Viviendo en está promiscuidad es posible creer y tener fe para reconocer que Cristo Nuestro vino al mundo a salvarnos del pecado? ¿La problemática espiritual, moral y social de hoy de donde surgió su perdida? Ha dicho el Señor; ...“Del corazón”… Al brotar la fe en el corazón del cristiano católico será gozo incontenible en el cielo.


Viendo el Hijo de Dios a los siglos dio para ilustración de los tiempos este hecho de los Santos Evangelios; …“Cuando hubo entrado en Cafarnaúm, (Jesús) se le aproximó un centurión y le suplicó diciendo: Señor, mi criado está en casa, postrado, paralítico, y sufre terriblemente.

Y Él le dijo: Yo iré y lo sanaré “… Tengamos presente, Dios es omnipotente, esto es que todo lo puede, esperaba la llegada de una alma que conoce, es muy posible que su venida a esta ciudad fue para obrar en esa alma una necesidad espiritual como médico de las almas, está el Señor a la entrada de la ciudad esperando el alma atribulada aguardando su llegada y está sin ningún rodeo llega y da conocer su deseo, en ello muestra su esperanza y el anhelo guardado de llegar a encontrarse no con un Señor cualquiera, pues en su interior sabe que estará frente a Dios, pues por los comentarios en su corazón se anido poco a poco su fe, y entre más conocía de Él, más era su fe como ya lo veremos, el Señor aprecia que no es un bien personal lo que le solicita, el centurión ruega porque ayude al prójimo, lo que a Jesucristo Nuestro Señor conmueve, es el amor por el hermano en desgracia y al momento contesta; …“Yo iré y lo sanaré” …
E inicia el acto de fe que brotar del corazón del centurión como una fuente que principia el derrame de agua, el centurión no deseo que Jesús entrara a su casa, ¿Por qué es así su actitud? Sencillo, porque él se reconoce ser un pecador, por eso la palabra de este militar es un acto de fe, ahondando en su expresión encontramos una profunda oración de fe, misma que nuestra Santa Madre Iglesia reza en cada celebración de la Santa Misa repitiendo el acto de fe que en su venida al mundo Cristo Nuestro Señor reconoció como la más bella expresión de fe que había encontrado, convincente y sumisa que Jesús escuchó, misma que se recomienda rezar al cristiano católico con devoción en sus oraciones;…“Pero el centurión replicó diciendo: Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo, mas solamente dilo con una palabra y quedará sano mi criado”… Sin detenerse a esperar palabra del Señor, dio una razón poderosa de su fe al decir; …“Porque también yo, que soy un subordinado, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: Ve y él va; a aquel; Ven, y viene; y a mi criado: haz esto, y lo hace.

Jesús se admiró al oírlo, y dijo a los que le seguían: En verdad, os digo, en ninguno de Israel he hallado tanta fe”… Con este pasaje de Jesucristo Nuestro Señor, muestra a la humanidad de todos los siglos y hasta el final de los tiempos que la salvación está por la fe en Él.
hefelira@yahoo.com

 

Opina sobre este artículo

Nombre   Email  
Título
Opinion

Columnas Anteriores