REFLEXIÓN DOMINICAL

Antonio Fernández

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La perdurable obra de Jesús su mesericordia

“Así, os digo, habrá gozo en el cielo, más por un solo pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse” (Lc 15, 7)
domingo, 21 de junio de 2020
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San Juan Apóstol y evangelista, preparó a los tiempos sobre el orden que Dios dispone en los asuntos celestiales, no nos entendamos seres humanos menospreciados por no dejarse Dios Nuestro Señor ver de nosotros, y más ahora que cualquiera dice tener “derecho” en que por simple curiosidad y no por convicción quiere por decir se recorra el velo del Templo, “sólo para ver qué es lo que hay”, por el contrario, sería mérito de grandísimas dimensiones si es que Dios se llegara a dejarse ver, pero eso no será posible porque nadie tiene los merecimientos para ello, a la Santísima Virgen María su madre de la tierra, en el pesebre de Belén le fue concedido la gracia de ver y recibir del Espíritu Santo al Verbo Encarnado; San José y los Santos Apóstoles tuvieron la fe sublime esperada por su Señor y vivieron siempre a su lado porque creyeron que Jesús el Hijo de Dios es Dios, reza San Juan; “Nadie ha visto jamás a Dios; el Dios, Hijo único, que es en el seno del Padre.

Ese le ha dado a conocer” Les fue concedido a sus discípulos la gracia de permanecer al lado de su Maestro en la peregrinación por el mundo, y escuchar la revelación de Jesucristo Nuestro Señor sobre la razón de su venida; “Salí del Padre, y vine al mundo; otra vez dejo el mundo y retorno al Padre”.

Su palabra tiene un fundamento en todo el sentido de la realidad del conocimiento de Dios, revelado por su Divino Hijo Jesucristo, a quien pertenece la iniciativa de darlo a conocer y no dejarlo de manifestar.

Afirma San Isidro la indiscutible realeza divina: “Él es algo invisible que debe buscarse, no con los ojos, sino con el corazón” He aquí la problemática que ha existido en todos los siglos, pocos de los muchos en cada generación lo buscaron de corazón y lo encontraron e hicieron suyo, al hacerlo lo hicieron de verdad y por la fe en Él su corazón encontró la perdurable obra de su misericordia, por los muchos pasaron por la vida vacíos viviendo en la oscuridad.

Dios Nuestro Señor, principio y fin de todo lo creado, de las personas que pasan por este mundo de prueba y de todo cuanto existe en el universo, creador de cielos y tierra, en un instante todo está a su vista y en un momento conoce lo profundo que guardan las almas porque su celo es salvarlas pues han sido creadas a imagen y semejanza de Dios, canta su misericordia teniendo por los pecadores su benevolencia salvadora, vino a salvar las almas del pecado; el demonio activa los medios de la tentación y de él es la trampa para hacer caer al cristiano católico, por lo que es comprender son las almas que más desea hacer suyas y con más ahincó arrebatar a su vencedor Jesucristo Nuestro Señor, ¿Por qué ese arrebato violento de poseer en especial esas almas? Porque han sido bautizadas, cumplido los sacramentos, recibido la Eucaristía, los bienes espirituales que Dios dispone al pecador, es la razón de su persistente acción contra el cristiano católico, el espíritu del mal estimula e impulsa a seguir el atractivo que anime y conduzca a la pasión desenfrenada del pecado mortal que nadie se puede decir en él no ha sucedido, en conciencia se sabe que no es como se dice, la realidad es otra y la conciencia reclama, para el diablo es convertir al cristiano católico en pecador por ello urde la causa de condenación eterna y esa alma sea suya.
¿Qué necesita el ser humano para asimilar en los valores del alma, memoria, entendimiento y voluntad la trascendente virtud de la misericordia de Dios? Como no hay comprensión ni ánimo de cumplir se deja “al ahí se va” el primer mandamiento de la Ley de Dios, bueno es aprender de la pregunta que hizo el doctor de la Ley a Jesús, quien le dijo: “En la Ley, ¿qué está escrito? ¿Cómo lees? Y el (doctor) replicó diciendo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo“ La valiosa enseñanza de Jesucristo Nuestro Señor es a todos los tiempos clara, sencilla y real, veámonos a sí mismos en ello, obvio que muchos cristianos católicos conocen los mandamientos y los cumplen, pero bien sabemos que sino todos sí la mayoría de los mandamientos de la Ley de Dios son desconocidos, en unos olvidado porque no se han vuelto acordar de ellos involucrados en las cosas del mundo, y como los aprendieron de niños hoy en la vida de joven fuerte, de hombre maduro, y hombre sabio no se valora la trascendencia del precepto de Ley dado por Dios para la vida diaria es hasta morir, a cambio se dice: “eso es cosa de niños” se da el acierto de verdad y se dice: las cosas conforme vamos caminando por el mundo son diferentes “eso de los mandamientos quedó atrás” Criterio fuera de lugar, ese doctor de la Ley ostentoso preguntó a Nuestro Señor le dijera cual es el mandamiento principal terminó recitándolo como lo has leído, era un hombre maduro y de edad avanzada que él como muchos saben los mandamientos de memoria que en nada los practican, eso sí, atento a no transgredir los mandamientos de la leyes terrenas, que si se respetan y evitan violentar, hacerlo significa cárcel, significa pasar años encerrado por cometer un acto fuera de la ley, significa ser persona de la que se duda su veracidad y se le teme por haber aprendió mañas en la cárcel, de alcanzar su libertad puede si lo quiere rehacer su vida conservándose en el orden que exige la sociedad; en los actos cometidos contra los mandamientos de la Ley de Dios, quien al infringirlo es entendido de lo que hace o pasa por alto, al cometer el pecado nadie le dice nada, sólo la conciencia reclama no hacerlo e insiste su “yo” a no detenerse realizarlo, confiado el pecador porque nada hay que lo impida, ni nada que lo detenga hasta le parece vivir un empuje al realizar lo que no debe realizar, titubeara un poco pero al final ofende a Dios Nuestro Señor.

Lo que no se tiene en el pensamiento es que esos actos se llaman pecados mortales y según la gravedad puede ser venial, pero pecado es pecado, ¿Qué pasará si en ese momento muere el pecador sin tener tiempo de arrepentirse? El demonio ganó y el dolor en el corazón de Jesucristo es una lanza más traspasada, el amor del Padre amoroso es perdurable en su obra de misericordia, esto no existe en las leyes de la tierra, sólo en la voluntad misericordiosa de Dios Nuestro Señor.

Al escuchar la Cátedra de Jesucristo Nuestro Señor misericordioso, los pecadores: habremos de sentirnos congraciados del amor bondadoso que entrega para salvación del alma.
Entramos al apartado del conjunto llamado capítulo de la misericordia la comprensión de su compasión, del atributo de Dios por el que perdona y remedia los pecados.

Son tres las parábolas de piedad y perdón por las que responde a las malévolas reflexiones de los escribas y fariseos, en cada una se aprecia la finura y exquisitez que Jesucristo Nuestro Señor deposita en las almas al conquistarlas por su misericordia.
Las dos primeras parábolas se complementan.

Con la de la oveja perdida, aprendemos que somos creaturas de Dios altísimo y objeto de sus cuidados paternales. Para fundamentar y consolidar el atributo divino de su misericordia atraemos la instrucción que Jesucristo Nuestro Señor ilustro a Pedro sobre el perdón; “Dijo Pedro: Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí y le perdonaré? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” Esto es la misericordia divina, para cimentar aún más el atributo divino, cuando Jesucristo Nuestro Señor llega con dos malhechores al lugar llamado del Cráneo a ser crucificado, se escucha su voz pedir clemencia a su amado Padre: “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” En sus palabras reconozcamos la misericordia divina, que dice a su Padre: “Señor mío, han hecho esto conmigo, pero tú me los has dado para salvarlos, no te fijes en sus actos sino en su arrepentimiento”.
Vamos a la parábola de la oveja perdida.

Inicia con una semblanza de la situación que rodea a nuestro Divino Maestro. El pueblo atraído por su enseñanza ve en ella la realidad pecadora en que tenían sus vidas, pero como el ser humano creado por Dios discierne lo bueno de lo malo en su interior prevaleciendo lo bueno que el Señor conocía de cada uno en su interior ahonda en su corazón, la conciencia actúa reconoce en Él al Hijo de Dios que vino a salvarlo del pecado.

El evangelio especifica dos grupos de almas: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Él para oírlo” En ellos el deseo es apartar sus actos de pecado y ganar la salvación eterna, la buena nueva que dio el Señor la han desmenuzado y aceptan la orientación, pero no se deciden reconocer la divinidad de Jesucristo Nuestro Señor.

Otros muy lejos de arrepentirse de sus pecados, orgullosos de su linaje como gente del sanedrín se ufanan ser creyentes, la ley que manejan a beneficio personal, pero tienen la consigna de acechar y espiar a Jesucristo Nuestro Señor lo que hace, predica, sus prodigiosos milagros buscan un punto de contradicción para acusarlo de engañar al pueblo, explica el evangelista; “Mas los fariseos y los escribas murmuraban y decían: Este, recibe a los pecadores y come con ellos” Lo critican en pensamiento pero el Señor conoce lo que piensan y se dispuso responder a lo que pasa por su mente e imparte su Cátedra de misericordia; Entonces les dirigió esta parábola:
El pueblo atento a la palabra de Jesucristo Nuestro Señor entendió con claridad la parábola, pero no el significado, en esa región están dedicados al pastoreo de ovejas y han pasado por el problema de tener que dejar las ovejas e ir en busca de la o las perdidas, lo que el Señor expone lo han vivido en muchas ocasiones, en su mente se preguntarían, ¿Qué nos quiere decir? Dando claridad a su pensamiento y quienes a los siglos puedan pensar igual dice el Señor en su parábola; “¿Qué hombre entre vosotros? teniendo cien ovejas, si llega a perder una de ellas, no deja las otras noventa y nueve en el desierto, para ir tras la oveja perdida hasta que la hallare”.

En efecto es cosa que de continuo sucede, en ello Cristo Nuestro Señor muestra la actitud exclusiva del corazón de su amado Padre, la preferencia que su amor paternal tiene hacia las almas necesitadas de su misericordia, desentonando la armonía divina la mezquindad humana que busca a los triunfadores del mundo y no a los ganadores por sus obras de santidad.

Dice San Ambrosio exaltando el pasaje de la parábola da reconocimiento al Divino Maestro; “¡Rico Pastor, de cuya inmensa riqueza todo el género humano representa más que la centésima parte! Riquísimo y misericordiosísimo, podemos añadir, porque desertó del reino de la justicia, que es el cielo, una sola oveja, que son los hombres, y dejó Él el cielo de los cielos para ir en pos de ovejuela descarriada, ingrata y criminal, para volverla a su redil a costa de su propia vida” El carente de fe se pregunta: ¿Qué representa una oveja extraviada si se tienen las noventa y nueve, es un esfuerzo innecesario? En el ruego que por las almas dirige a Dios su Padre: “Yo he manifestado tu nombre a los hombres que tu me diste (apartándolos) del mundo.

Eran tuyos, y Tú me los diste, y ellos han conservado tu palabra” Jesucristo Nuestro Señor, Padre amoroso no quiere ni está dispuesto perder una sola alma, por su salvación pagó derramando su preciosísima sangre, razón por la que no está dispuesto a perder una sola.

El amor del verdadero Padre.
“Y cuando la hallare, la pone sobre sus hombros, muy gozoso” La palabra de Jesucristo Nuestro Señor debiera llenar de gozo al cristiano católico, pues el Señor al decir “hallare” no debemos entender en el decir del ser humano quiero hacerlo y lo hago, expresión en la persona manifiesta duda de lo que a futuro intenta, en el caso de Dios es Él el pasado, el presente y el fututo por lo que entendemos Dios no deja que el pecador se pierda hoy y siempre como ha sido, como Dios en su momento final recupera amoroso el alma perdida, la toma y levanta con delicada ternura recostándola sobre sus hombros, sabe el esfuerzo que hubo de padecer, las angustias que vivió que merece ser llevada por Él a descansar en su redil por toda una eternidad.

El gozo del Señor no queda ahí, recordemos, cuando Dios da lo hace a manos llenas; “y vuelto a casa, convoca amigos y vecinos, y les dice: Alegraos conmigo, porque hallé mi oveja, la que andaba perdida” Hemos perdido algo muy valioso en algún ocasión y cuanto el gozo recuperar lo que se había perdido; un padre de familia pierde un hijo que se va a otros lugares, enterado de la forma de vida que tiene, las vicisitudes por las que pasa, al tiempo vuelve y el gozo es grande llamando sus amigos a celebrar el regreso del hijo que creía haber perdido, en el cielo los ángeles y los coros se gozan en Dios Nuestro Señor al recuperar una oveja que andaba descarriada, es la obra de su redención.

“ Así, os digo, habrá gozo en el cielo, más por uno solo pecador que se arrepiente, que por noventa y tres justos que no tienen necesidad de convertirse” El gozo del Señor es por la oveja perdida, las otras noventa y nueve son suyas, estando con Él no se quieren ir porque quieren quedar a su lado, se goza por las ovejas perdidas recuperadas por el Señor, esa recuperación es la conversión del pecador gozo, el demonio ha sido vencido.
La parábola de la misericordia es la dracma perdida en ella somos comparados con una moneda que tiene la imagen del rey del cielo y de la tierra, Dios ha impreso en nosotros su imagen: creó al hombre a su imagen y semejanza.

Bien, para cumplir la meta de dejar grabada Nuestro Señor da a conocer, la costumbre oriental conocida en Israel por las mujeres que llevan una serie de tres a cuatro monedas sean de plata o de oro en sartas sobre su cabeza que constituyen su dote, las llevan orgullosas y son muy atentas a cuidarlas, limpiarlas sobre todo no perderlas.

Ahora bien, el Señor nos pone frente a una mujer que cae en la preocupación inquietante y expone; “¿O que mujer que tiene diez dracmas, sí llega a perder una sola dracma, no enciende un candil y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la halla?” La adrenalina enciende todo su cuerpo, emplea los medios a su alcance y dice el Señor de ello “ Y cuando la ha encontrado, convoca a la amigas y a las vecinas y les dice: Alegraos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido” El gozo en esa mujer es grande que lo comparte a sus amigas y concluye el mismo proceder de la parábola anterior; “Os digo que la misma gloria reina en presencia de los ángeles de Dios, por un solo pecador que se arrepiente” En lo anterior reconocemos que el mayor gozo del cristiano católico es someter la imagen de Dios en su corazón para que en el se anide, e imprimirlo en el resplandor perdurable de la obra de Jesús: su misericordia.
hefelira@yahoo.com

 

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