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Detona el arte 'fiesta cerebral'

De cara ante una obra de arte, una sofisticada y bien coordinada fiesta se desata en la cabeza de cada espectador.
jueves, 8 de julio de 2021
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Agencia/Reforma

De cara ante una obra de arte, una sofisticada y bien coordinada fiesta se desata en la cabeza de cada espectador.

Al menos así podría apreciarse, si fuera posible ver iluminados la cantidad de sistemas cerebrales que participan en la experiencia de las diferentes manifestaciones artísticas.

"Desde la neurociencia se han hecho estudios por diferentes grupos de investigación sobre lo que tiene que ver con actividad cerebral mientras tocamos o escuchamos música, mientras bailamos, mientras vemos una película.

"Hay algunas cosas que son distintas, por supuesto; que dependen de la forma de arte", precisa en entrevista la doctora en neurociencias Fernanda Pérez Gay Juárez (CDMX, 1988).

Sea el caso, al escuchar una pieza musical, de la corteza auditiva primaria en el lóbulo temporal, a donde llega la información de las vibraciones que forman el sonido transformadas en disparos eléctricos neuronales; el cerebelo, área importante para procesar el ritmo y la temporalidad de la música, o las neuronas en la corteza prefrontal, que percibe las secuencias de sonido y las relaciones entre ellas.

Si se está frente a una pintura, todo comienza en los fotorreceptores de la retina, que permiten observar, entre otras cosas, el color de una obra; aquí las neuronas de la retina envían señales al cerebro.

Esa información hace sinapsis en la corteza visual primaria, localizada en el lóbulo occipital, donde se extraen líneas o contornos.

O en el sencillo acto de sentarse a leer una novela, la corteza visual entra de nuevo en acción, y la llamada "caja de letras del cerebro", ubicada en la región occipitotemporal izquierda, reconoce tales elementos con que se forman las palabras.

En este caso, las áreas cerebrales destinadas a procesar el lenguaje, como la de Wernicke o la de Broca, asocian las palabras con su significado y lo decodifican; reconocen el ritmo y solemnidad de las frases, e incluso traducen la información fonológicamente para poder escuchar dentro de la cabeza lo que se va leyendo.

Todo lo anterior es explicado por Pérez Gay de forma instructiva y clara, incluso identificando cada uno de estos sistemas en modelos anatómicos del cerebro, en la serie de videos de Sinapsis: Conexiones entre el arte y tu cerebro, el proyecto de divulgación fundado y dirigido por la especialista para tender un puente entre el arte y las neurociencias.

"En estos videos intentamos ir explicando lo que se conoce -porque hay muchas cosas de la ciencia del cerebro que no se conocen- sobre qué pasa en el cerebro cuando se enfrenta a distintas formas de arte", comparte vía telefónica la médica cirujana y neurocientífica egresada de la UNAM y de la Universidad de McGill, en Montreal, Canadá.

Una iniciativa que, con apoyo del hoy extinto Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), desarrolló episodios temáticos para ilustrar esta activación de las diferentes zonas del cerebro implicadas en la experiencia del arte.

Pero la intención va mucho más allá de la sola explicación mecánico fisiológica, para adentrarse en el complejo enigma de por qué y cómo es capaz el arte de generar estados emocionales intensos, e incluso modificar ideas y propiciar nuevas formas de ver el mundo.

"El arte activa el sistema límbico, que es el sistema que regula las emociones, la experiencia emocional en el cerebro", expone Pérez Gay.

"Juega un poco con nuestros circuitos de recompensa y motivación, que son los que están involucrados cuando realizamos una conducta y a cambio recibimos algo positivo, y entonces genera placer.

Esto también pasa en el arte".

Además, el arte y sus productos tienen cierta forma de manipular nuestra atención y percepción, continúa la especialista, quien cita al neurobiólogo británico Semir Zeki, uno de los padres de la neuroestética -rama que investiga las bases neurológicas de la actividad estética-, respecto a que en todo artista reside secretamente un neurólogo.

Esto por la capacidad de los creadores para, a través de su trabajo, generar ilusiones visuales, estimular los sentidos, manipular la atención y sincronizar la actividad cerebral de un espectador con la de su vecino y todos los que presencian al mismo tiempo una manifestación artística.

"Pareciera que, de alguna forma intuitiva, ellos conocen el funcionamiento del cerebro dado que logran manejarlo de forma tan grande", estima la científica.

Teniendo en cuenta el papel que juegan estos sistemas y partes específicas del cerebro en la forma en que experimentamos el arte, surge una interrogante: ¿Qué pasa con las personas con alteraciones cognitivas o daño en alguna región cerebral? ¿Están imposibilitadas para experimentar el arte de esta manera?

A decir de la neurocientífica Fernanda Pérez Gay, aquellas personas cuya condición no entra dentro de lo que se considera neurotípico, sino dentro de lo neurodiverso, en realidad experimentan el arte de forma distinta.

Por eso, señala la experta, también han sido comunes las hipótesis acerca de que ciertos artistas tenían alguna condición especial por la cual su trabajo era distinto o tenía ciertas características particulares.

"Por ejemplo, se ha hablado mucho de (Vasili) Kandinsky, el pintor ruso; se cree que podía tener sinestesia, que es esta condición en la cual dos sentidos que normalmente no se comunican, digamos la vista y la audición, se comunican en el cerebro.

Para ellos los números tienen sonidos y colores, o hay personas para las que los sonidos tienen sabores.

"Se cree que Kandinsky tenía una sinestesia visual auditiva, y por eso pintaba música; estos cuadros que son muy abstractos, pero que están basados en composiciones musicales.

Entonces también a través del arte se puede apreciar la neurodiversidad", enfatiza Pérez Gay.

Por otra parte, abunda la especialista, también hay algunos casos de pacientes que tuvieron una lesión en cierta parte del cerebro, y a partir de esto comenzaron a realizar alguna actividad artística, como pintar, o se modificó la forma en que ya lo hacían.

Lo cual también habla de la relación tan estrecha entre el arte y el cerebro y, en este caso particular, de la neuroplasticidad, la capacidad de dicho órgano para formar nuevas redes neuronales, adaptándose a una lesión.

"Tú cerebro vive el arte de forma distinta, pero lo puede compensar a través de crear nuevas conexiones. Entonces, todos nuestros cerebros son distintos y para las personas que tienen cierta condición que se considera aún más fuera del espectro de lo que consideramos, entre comillas, 'normalidad', pues pueden tener expresiones artísticas muy sorprendentes.

"A través de su arte podemos entender su cerebro, no como enfermo, sino como distinto o como algo que nos puede dar riqueza y diversidad", considera la neurocientífica.

Al ver este notable poder que tiene el arte para activar distintos sistemas cerebrales, resulta pertinente preguntar por el tipo de beneficios neurológicos que pudiera conllevar.

Algo que, asegura Fernanda Pérez Gay, indagan los científicos desde hace tiempo.

En el caso de la música, ilustra la neurocientífica, un posible beneficio parece radicar en su capacidad para evocar recuerdos de forma casi involuntaria.

"Cuando escuchamos una canción que escuchábamos en la adolescencia y que hace mucho que no escuchábamos, inmediatamente nos transporta hacia nosotros mismos; se llaman recuerdos autobiográficos evocados por música", detalla la especialista.

"Vamos a escuchar la pieza musical para vernos a nosotros mismos dónde estábamos, con quién nos llevábamos, a dónde íbamos, qué sentíamos".

Esta capacidad de la música, prosigue la directora de Sinapsis, tiene que ver con la activación de ciertas zonas del cerebro en la corteza prefrontal que unen las redes de la memoria y las redes de las emociones.

Un área que, curiosamente, no está tan afectada en pacientes diagnosticados con Alzhéimer, quienes sí presentan alteraciones en otras vías de la memoria; "pero esta vía que tiene que ver con lo emocional y con lo involuntario se preserva".

"Entonces, esto ayuda a que a través de la música se promueva que la gente con Alzhéimer evoque recuerdos que de una forma personal ya no pueden evocar".

De ahí, por ejemplo, aquellas emotivas imágenes virales de Marta C. González, una mujer enferma de Alzhéimer que recordó por unos momentos su pasado como bailarina al escuchar de nuevo El Lago de los Cisnes, de Tchaikovsky, recreando los movimientos coreográficos.

"Está reviviendo el momento. Esto es muy particular de la música", reitera la neurocientífica mexicana.

Algo similar se está intentando llevar a cabo para ayudar a los pacientes con enfermedad de Parkinson -trastorno del sistema nervioso central que causa problemas motores-, pero a través de la danza y el movimiento rítmico.

"Una rehabilitación motora rítmica, pues el ritmo realmente tiene ciertas bases fisiológicas ancestrales, y además tiene esta parte de motivación y de emoción.

Entonces también ayuda a los pacientes.

"No es lo mismo hacer mi rutina de ejercicios, 'uno, dos', estira y dobla la pierna, que escuchar música que me gusta y moverme al ritmo de la misma.

Ese es otro beneficio que se está explorando", destaca Pérez Gay.

Y respecto a la literatura, se ha observado un fenómeno interesante en lo que toca a la empatía y a la cognición social; es decir, a cómo entendemos a los demás.

De acuerdo con la especialista, los investigadores que estudian esto proponen que la literatura lleva a los lectores a una especie de simulación de la realidad.

"Cuando yo leo una novela y me involucro con sus personajes, estoy un poco viviendo en mi mente, imaginando cada situación que ellos viven y practicando mentalmente los escenarios.

Sobre todo los escenarios que tienen que ver con la interacción social entre personajes", puntualiza.

"A través de esos personajes en estas historias yo me enfrento a situaciones que no enfrentaría normalmente; conozco personas que no conocería normalmente, y me pregunto por qué esta persona hizo lo que hizo; si me pareció bien o mal.

Por ello, los investigadores refieren a la novela como el laboratorio moral; es decir, nosotros estamos ahí probando hipótesis y haciendo simulaciones mentales de las interacciones de los personajes".

Esto, subraya, se ha visto que aumenta el desempeño de diferentes sujetos en tareas que miden qué tan apto se es para entender la perspectiva de los otros, para interactuar con los demás.

Por lo que despierta cierto interés para estimular tales capacidades de cognición social, tan importantes para la vida humana en comunidad.

Aunado a todo esto, también existen estudios acerca del papel que juegan las artes en el desarrollo cognitivo de los niños, con aportes importantes en muchos aspectos.

La danza y la música, por ejemplo, no sólo en lo que tiene que ver con lo psicomotriz, sino también con lo social al ser actividades que pueden realizarse en grupo, lo que fomenta la generación de vínculos con otras personas, útiles para personas con cierta dificultad para la socialización.

Pero también para el desarrollo del pensamiento creativo, conocido como pensamiento divergente, sostiene Pérez Gay.

"El pensamiento divergente es por el cual a una pregunta no doy nada más una respuesta, sino que voy a explorar todas las posibles respuestas, y en el proceso voy a aprender y a descubrir.

Y eso es muy característico de la práctica artística.

"Los artistas saben que durante la creación van hacia diferentes lugares, imaginan diferentes posibilidades para su obra", refiere la especialista, "de esta forma, el pensamiento divergente es muy importante y nos va a servir para todo.

O sea, aunque no seamos artistas, este pensamiento divergente que tiene que ver con la creatividad lo podemos aplicar como periodistas, como científicos, o en los negocios".

Ante todo esto, Fernanda Pérez Gay reconoce que parte del esfuerzo por tender un puente entre neurociencias y arte también busca revalorizar la educación artística y el rol que juegan las artes tanto en la formación de niños y jóvenes, como en el beneficio para cualquiera que quiera mantenerse activo, con un cerebro sano y estimulado.

Particularmente en una época, lamenta la especialista, donde se discute qué tan esencial es realmente el arte.

"Ahora que estamos en la pandemia y distanciados, se tiende a ver el arte como un lujo o como algo secundario, cuando en realidad el arte es inherente a la condición humana y es esencial para llevar una vida mejor.

"Cualquiera de nosotros sabe lo que ha hecho la música o el cine por nosotros durante la pandemia. Entonces, creo que también es importante, a través del interés que despiertan las neurociencias, darle al arte su lugar", reitera.

Incluso, cuenta la neurocientífica, actualmente se llevan a cabo estudios a gran escala para conocer, por ejemplo, cómo cambió en las personas la forma de escuchar música a través de la pandemia, sobre todo en cuanto a esta conexión que tiene el arte musical con las emociones.

"Cuando estamos atravesando un periodo de estrés, de ansiedad, de incertidumbre, ¿qué rol juega la música en nuestra vida para ayudarnos a sobrellevar esta situación tan complicada?

"Resulta un poco irónico que todos nos valgamos un poco del arte para ayudarnos a salir adelante, y, sin embargo, vemos tan pocos apoyos al arte durante la pandemia por parte de quienes asumen que no es esencial", remarca Pérez Gay, poniendo el énfasis en la difícil situación de los creadores ante el largo periodo de recintos cerrados y eventos pospuestos o cancelados.

Al final, y como suele decir la experta al inicio de cada episodio de Sinapsis: "tanto el arte como el cerebro funcionan a base de conexiones. Una sinapsis es el espacio de conexión entre dos neuronas, y una obra de arte surge en el espacio de conexión entre un creador y un espectador".

 

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