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Oaxaca, siempre deseada

En la atractiva costa de Oaxaca hay espacio para todos.
viernes, 10 de junio de 2022
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Agencia/Reforma

En la atractiva costa de Oaxaca hay espacio para todos. Ahí se dan cita aventureros que quieren montar olas sobre coloridas tablas de surf, viajeros solitarios (nacionales y extranjeros) en busca de paradisíacos rincones para reconectarse con la naturaleza, parejas que desean entregarse al ambiente relajado de las playas y grupos de amigos que hacen de una puesta de sol toda una celebración.

Cuando vayas a esta zona de Oaxaca no dejes de:

- Aprender a surfear en Carrizalillo, para acceder a ella, hay que bajar unos 200 escalones.

- Liberar a una pequeña golfina en el Campamento Tortuguero Vive Mar, Playa Bacocho.

- Sentarse en primera fila para ver caer al sol, en el Hotel Posada Real, Puerto Escondido.

- Comer una piña rellena de frutos del mar en Playa Manzanillo.

- Observar el fenómeno de la bioluminiscencia en la Laguna de Manialtepec.

Tan cálido como acogedor, Puerto Escondido suele ser elegido por algunos viajeros como destino ancla. Desde ahí arman itinerarios y se desplazan para completar una visita por esta zona de Oaxaca.

Los lugareños recomiendan un paseo en lancha para ver, a la distancia, las playas que después se conocerán. Nada como refrescarse con la brisa marina y ver a las aves aterrizar en formaciones rocosas que emergen del mar.

El guía nos señala a Punta Zicatela, donde se concentran los surfers amateurs; luego está propiamente Zicatela, reservada para los surfistas consagrados.

Posteriormente se ve la Bahía Principal, con sus lanchas de pescadores.

Al continuar con este paseo marítimo es posible avistar a Manzanillo y Puerto Angelito, dos calas donde las familias suelen ir a nadar entre pequeñas embarcaciones.

Ahí abundan restaurantes que preparan delicias con la pesca del día.

Al aparecer Carrizalillo en escena, uno se entera de que es la playa ideal para aprender a surfear, mientras que en Playa Bacocho se viven conmovedores momentos puesto que hay un campamento tortuguero que brinda al viajero la oportunidad de ayudar a una golfina a ir mar adentro.

Algo tienen estas playas que uno siempre quiere volver a ellas. Puerto Escondido sigue conservando su resplandor rústico debido, en parte, a que las grandes cadenas hoteleras se han demorado en llegar.

La constante son los sitios para acampar, los hostales, las cabañas, los hoteles con aire boho-chic y aquellos administrados por familias, como Casa Losodeli que, en tiempos de pandemia, se han convertido en el hogar de nómadas digitales.

Por otro lado, siguen siendo obligatorias las visitas al Adoquín -famosa arteria plagada de tiendas artesanales, bares, restaurantes-, y a los desenfadados bares de Zicatela, en los que no falta un buen mezcal.

Escaparse a destinos cercanos es igual de ineludible. Hay quienes deciden caminar por la playa nudista de Zipolite, otros van a descubrir la magia de Mazunte y unos más observan el fenómeno de la bioluminiscencia en la Laguna de Manialtepec.

Lo dicho, Puerto Escondido, imanta al viajero. Quien se va, pronto quiere volver por

 

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