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Cautiva su sueño

El actor Alfredo Noval interpretó a un Segismundo frágil que apenas descubría el mundo. Crédito: Secretaría de Cultura/Guillermo Pacheco
La puesta teatral del director Declan Donnellan de la obra "La vida es sueño", escrita por Calderón de la Barca, asombró la noche del viernes por su propuesta moderna, interactiva y mordaz.
domingo, 19 de mayo de 2024
Por: Elena S. Gaytán
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Agencia / Reforma

Monterrey, México (19 mayo 2024)

La puesta teatral del director Declan Donnellan de la obra "La vida es sueño", escrita por Calderón de la Barca, asombró la noche del viernes por su propuesta moderna, interactiva y mordaz.

La obra de dos actos -y no tres como el texto original- se presentó en única función y con un público que llenó casi toda la Gran Sala del Teatro de la Ciudad.

Los espectadores tuvieron que hacer fila con anticipación para ocupar un asiento del recinto, pues la entrada fue gratuita y estaba condicionada a su capacidad.

La trama muestra a Segismundo, fiera humana, heredero de Polonia, cuyo padre, el rey Basilio, lo condena a vivir oculto y alejado del pueblo por los terribles presagios que hay sobre él.

En el afán de cambiar el destino, el monarca, interpretado por Ernesto Arias, termina provocando eventos desafortunados que lo llevan a enfrentar un intento de rebelión de sus subordinados.

Aunque Donnellan respetó la esencia del clásico del autor del Siglo de Oro español, su adaptación pareció inclinarse al cariz político del texto original y no tanto a su planteamiento filosófico sobre la realidad, la vida y la muerte.

Tal es el caso de la escena al término del primer acto en que los asesores del rey aconsejan a Segismundo, interpretado por Alfredo Noval, sobre su vestimenta e higiene personal, intentando sin mucho éxito que se comporte como un heredero al trono.

Otro ejemplo del énfasis mencionado son los atinados vítores pregrabados del pueblo polaco durante algunos diálogos del rey Basilio y los que después expresa Segismundo en su papel de líder subversivo e impulsor del derrocamiento de su padre.

Fue un acierto de Donnellan el enorme peso que le dio al personaje de Clarín, interpretado por la actriz Goizalde Núñez, quien supo explotar su vena cómica durante la mayor parte de la puesta en escena.

Clarín y Basilio aparecieron en la mayoría de las escenas, a veces como meros testigos y espectadores del relato, como en el segundo acto, a modo de sitcom, con risas pregrabadas y movimientos caricaturescos del reparto.

Un momento muy celebrado por el público fue cuando el elenco rompió la cuarta pared, que divide a los espectadores de los actores, e interactuar con algunos asistentes y pasearse entre las butacas.

Aquí, Noval explotó muy bien la inocencia y curiosidad por el mundo que le dotó a Segismundo -un tipo de Mowgli de El libro de la selva- para bromear con los asistentes: el actor robó una gorra, tocó la cabeza calva de un asistente e incluso echó mano de un extintor del teatro que llevó a escena, en tanto que el auditorio lució iluminado por completo.

Quizá hubiera sido adecuado un mayor énfasis por parte de Noval en el emblemático monólogo de Segismundo que termina con "que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son".

El británico Nick Ormerod fue el encargado artístico de la puesta en escena, de su escenografía y vestuario. El decorado fue minimalista con una pared de color esmeralda y varias puertas.

La obra fue coproducida por la Compañía Nacional de Teatro Clásico y LAZONA, ambas españolas, y la británica Cheek by Jowl, de Donnellan.

La Secretaría de Cultura estatal impulsó el montaje en la Ciudad que, sin duda, ameritaba más funciones.

 

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