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Nutre para la vejez tu reserva cognitiva

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Ante los embates de la edad y el deterioro progresivo que ello suele conllevar, lo mejor es contar con un cerebro bien blindado.
lunes, 27 de mayo de 2024
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Agencia/Reforma

Nada más cierto que el dicho popular "Se envejece, como se ha vivido".

Por ello, así como se piensa en un ahorro monetario para las necesidades del futuro, también hay que cultivar la reserva cognitiva a lo largo de la vida, en el día a día, para que el buen funcionamiento del cerebro no sucumba ante las enfermedades o el paso del tiempo.

Ante los embates de la edad y el deterioro progresivo que ello suele conllevar, lo mejor es contar con un cerebro bien blindado.

Esa es una manera de entender el término de reserva cognitiva, el cual es usado por los especialistas para referir la capacidad del sistema nervioso central de hacer frente a los efectos del envejecimiento, las enfermedades neurodegenerativas y el daño cerebral adquirido.

La doctora Ana Luisa Sosa, destacada especialista en psicogeriatría, es decir, en la atención y cuidado de la salud mental de los adultos mayores, explica que esta reserva cognitiva se desarrolla a lo largo de la vida, prácticamente desde la concepción, y algunas personas pueden tenerla en mayor medida que otras.

Entonces, lejos de ser innata e inamovible, la reserva cognitiva es una habilidad dinámica y flexible que se define a lo largo del tiempo a través del estilo de vida.

"Se ha observado que las personas que realizan cierto tipo de actividades saludables a lo largo de su vida generan factores protectores que emergen cuando van envejeciendo.

(...) Esta reserva cognitiva que nosotros podemos desarrollar a lo largo de la vida puede permitir que unas personas envejezcan mejor que otras, en mejores condiciones", indica Sosa.

Esta reserva, que tiene que ver con la función cerebral, y que generalmente se consigue a través de conexiones neuronales, pues "las neuronas que se usan más, desarrollan más conexiones con las otras neuronas", expone la especialista del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía (INNN).

La reserva cognitiva es diferente a la reserva cerebral, que se refiere a la estructura anatómica y la capacidad determinada por factores como el volumen cerebral, el número de neuronas y la densidad sináptica.

Una mayor reserva cerebral también es un factor protector frente al deterioro cognitivo, pero en este caso se sabe poco sobre qué tanto es posible aumentar el volumen y la composición fisiológica de nuestro cerebro.

La reserva cognitiva, en cambio, se ha asociado a una amplia variedad de factores intelectuales, sociales y físicos que forman parte de nuestra vida diaria y que vamos estimulando y reforzando con el paso del tiempo.

El efecto protector de esta capacidad cerebral se ha manifestado en estudios en torno a enfermedades neurodegenerativas como la demencia fronto-temporal, el parkinson y el alzheimer.

Sobre ésta última, por ejemplo, los investigadores han observado una mayor preservación del funcionamiento cerebral en aquellas personas con mayor reserva cognitiva, quienes tardarán más en mostrar los primeros síntomas de la enfermedad, mientras que la progresión de los mismos será más lenta.

La doctora Sosa menciona un experimento en ratones con Huntington, afección que causa una degradación progresiva de las células nerviosas en el cerebro, donde los animales que se deterioraron menos rápido fueron los que estaban más activos, al contrario de los que permanecían más tiempo en reposo.

Por lo tanto, el efecto que la reserva cognitiva ejerce se puede definir como un potenciador de la plasticidad y conectividad neuronal que favorece la adaptación del funcionamiento cerebral frente a los cambios que produce el deterioro patológico.

Sin embargo, no consigue frenar el daño cuando este tipo de enfermedades están ya muy avanzadas.

Entre las ventajas de una alta reserva está el uso más eficiente de los recursos cerebrales, mayor conectividad sináptica y equilibrio entre las redes cerebrales, menos consumo de energía por parte del cerebro, afrontar tareas de mayor demanda y enfrentar mejor el estrés.

Esto último es particularmente importante dada la capacidad del estrés para deteriorar la salud física y psicológica.

Estresores como los sentimientos de ansiedad y frustración, que suelen demandar una capacidad de regulación emocional que puede sobrepasar a las personas, propician un desequilibrio en la regulación celular, en el equilibrio del sistema nervioso central y en el equilibrio hormonal.

Ante ello, la reserva cognitiva muestra un efecto protector sobre los niveles de cortisol, que es la hormona del estrés.

Para las personas con un estado elevado de ansiedad, contar con una alta reserva cognitiva mantiene a raya la secreción de cortisol.

"Nosotros conocemos hoy en día factores de riesgo para tener deterioro, y factores protectores", señala la psicogeriatra Sosa.

"Entre los protectores, hemos dicho que está la reserva cognitiva, y que si bien se desarrolla a lo largo de la vida, también se puede incrementar incluso a edades avanzadas.

Dicen que nunca es tarde; entonces, es importante que las personas nos mantengamos activas aunque ya seamos mayores", explica.

Y es que, a diferencia de las características innatas y la predisposición genética que configuran la reserva cerebral, la reserva cognitiva es una capacidad que se va ejercitando a lo largo de la vida mediante la suma de actividades y experiencias que suponen una estimulación del funcionamiento cerebral.

De ahí que uno de los factores principales que la incrementan sea la educación o el nivel de escolaridad.

Otro de ellos es el grado de demanda intelectual de la actividad laboral. A esa base se suman las actividades de esparcimiento, que pueden ser intelectual, física y social.

A la pregunta de si el mundo moderno, donde quizás la memoria parece ejercitarse menos teniendo siempre a la mano un dispositivo móvil, ha influido en una disminución de la reserva cognitiva, la doctora Sosa observa dos escenarios.

"Yo creo que, sin duda, el exceso de uso de los aparatos electrónicos por parte de los niños y jóvenes afecta el desarrollo de sus habilidades sociales.

Pero en los adultos mayores, cuando ellos aprenden algo que no manejaban, es un reto.

"Nosotros tenemos un programa de prevención (de deterioro cognitivo) que se llama FINGERS, en donde, entre otras actividades, les damos a los adultos mayores una tablet para que ellos aprendan a usarla.

Y, entonces, aprender a usar algo nuevo les implica un reto, les demanda un esfuerzo; es como aprender un idioma, y ese tipo de actividades les ayuda", agrega la especialista.

La especialista del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía alerta sobre los posibles efectos que tendrían estos dispositivos electrónicos en los más jóvenes.

"Lo que falta ver en nuestros niños y jóvenes de ahora es qué va a pasar cuando envejezcan, si va a contribuir de forma negativa o positiva el uso y el abuso de la tecnología", apunta la experta.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

Existen prácticas diarias saludables que contribuyen con el mantenimiento de una mente activa. Algunas son:

- Leer

La lectura es una actividad muy completa que estimula la atención, la concentración, la memoria y el lenguaje. Se ha demostrado que beneficia al mantenimiento de la actividad neuronal.

- Aprender cosas nuevas

Además de estimular cognitivamente y dotar de nuevos recursos, adquirir conocimientos -ya sea desde un nuevo idioma o cómo tocar un instrumento- genera nuevas conexiones sinápticas que favorecen la plasticidad cerebral frente a los cambios.

- Mantener una vida socialmente activa

Socializar refuerza capacidades como el lenguaje, las habilidades sociales, atención y memoria, además de propiciar un buen estado de ánimo y aumentar nuestra seguridad.

- Ocio

Capacidades como la organización, la planificación, la toma de decisiones o la iniciativa, se pueden poner en práctica a través de juegos de mesa, cartas, crucigramas, sudokus y muchas otras opciones de fácil acceso en Internet.

Todas ellas se consideran actividades de reto, ya que tenemos que tomar decisiones continuamente y planear estrategias.

- No estancarse en la rutina

Si bien las rutinas pueden ser útiles para llevar una vida organizada y disminuir el estrés, automatizar actividades disminuye la activación cerebral.

Romper con algún hábito en ocasiones, cambiar rutinas o ponerse objetivos nuevos en éstas también es una forma de evitar que nuestro cerebro se acostumbre y disminuya su rendimiento.

Y TAMBIÉN

- Practicar algún deporte

- Bailar

- Tocar un instrumento

- Ir a conciertos, museos, al teatro o al cine

- Escuchar y/o participar en conferencias y debates

Fuentes: Ana Luisa Sosa, especialista del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía (INNN) / Centro de Diagnóstico e Intervención Neurocognitiva (CDINC)-Neurología Instituto Universitario

 

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